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Lacado de puertas

Lacamos puertas de madera y de DM para que vuelvan a quedar como nuevas, en blanco o en el color que prefieras. Detrás hay más de 10 años de experiencia, trato directo con quien lacará tus puertas y un presupuesto sin compromiso.

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  • +100 trabajos realizados
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Uno de los profesionales de MZB Gavá en un salón recién reformado

Un equipo pequeño y de confianza

Somos una empresa local de reformas con base en Gavà. Trabajamos con un equipo propio y reducido, y nos encargamos personalmente de cada obra, desde la primera visita hasta la limpieza final, para que tú no tengas que estar pendiente de nada.

Nos gusta hablar claro desde el principio: qué se puede hacer, qué conviene hacer y cuánto va a costar. Así no hay sorpresas por el camino y el resultado es el que esperabas.

El equipo de MZB Gavá

Por qué confiar en nosotros

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Trabajos realizados

Algunos ejemplos de los trabajos que hemos hecho últimamente en viviendas y locales de la zona.

Trabajo de reforma realizado por MZB Gavá
Trabajo de reforma realizado por MZB Gavá
Trabajo de reforma realizado por MZB Gavá
Trabajo de reforma realizado por MZB Gavá
Trabajo de reforma realizado por MZB Gavá
Trabajo de reforma realizado por MZB Gavá
Trabajo de reforma realizado por MZB Gavá
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Qué significa lacar una puerta

Lacar es aplicar sobre la puerta varias capas de un producto opaco que forma una película dura, uniforme y lisa, con un acabado mucho más fino que el de una pintura de pared. A diferencia del barniz, que deja ver la madera, la laca la cubre por completo. Es una forma muy eficaz de renovar puertas antiguas de madera oscura sin cambiarlas, o de igualar el aspecto de puertas, armarios y rodapiés en toda la casa.

En la vivienda o en taller: dos maneras de trabajar

El lacado en la propia vivienda se hace con las puertas colgadas o descolgadas sobre caballetes, aplicando la laca con rodillo de espuma, brocha o, si la estancia se puede proteger bien, con pistola. No hay que transportar nada y las puertas vuelven pronto a su sitio, pero el acabado depende mucho del polvo del ambiente y de la mano de quien aplica, y es difícil igualar la perfección de una cabina.

El lacado en taller consiste en desmontar las hojas y llevarlas a una cabina de pintura, donde se aplica la laca a pistola en un ambiente controlado, sin polvo y con secados regulados. El resultado es más liso y uniforme, parecido al de una puerta nueva de fábrica. A cambio, la casa se queda sin puertas varios días, y los marcos, que no se pueden desmontar sin obra, hay que lacarlos igualmente en casa.

Por eso muchas veces se combinan ambas cosas: hojas en taller y marcos y tapajuntas en la vivienda, con la misma laca y el mismo color para que no se note la diferencia.

Lacas al agua y lacas de poliuretano

Las lacas al agua han mejorado mucho y hoy son la opción preferida cuando se trabaja dentro de una casa habitada. Apenas huelen, secan rápido, las herramientas se limpian con agua y mantienen el blanco sin amarillear con los años. Son algo menos duras que las de disolvente, aunque las formulaciones de poliuretano al agua se acercan bastante.

Las lacas de poliuretano con disolvente, normalmente de dos componentes que se mezclan justo antes de aplicar, forman una película muy dura, resistente a golpes, rayas y productos de limpieza, con un tacto muy liso. Por su olor y por los vapores que desprenden durante la aplicación, se usan sobre todo en taller, con cabina y extracción.

Lacado en blanco o en color

El blanco es, con diferencia, el color más pedido: aporta luz, combina con cualquier suelo y hace que los pasillos con muchas puertas parezcan más amplios. Pero hay muchos blancos, desde el blanco puro, algo frío, hasta blancos rotos con un punto de gris o de beige que resultan más cálidos. Conviene elegir uno y usar exactamente el mismo en puertas, marcos, rodapiés y armarios, porque dos blancos distintos juntos se distinguen enseguida.

Los grises, los verdes apagados, los azules o incluso el negro están ganando terreno, sobre todo para dar carácter a la puerta de entrada o a una estancia concreta. Tienen sus particularidades: los tonos oscuros marcan más el polvo, las huellas y los arañazos, y en los retoques es más fácil que se note la diferencia. En cuanto al brillo, el satinado es el equilibrio más habitual, el mate da un aire más actual pero se ensucia algo más, y el brillo intenso exige una superficie impecable.

La preparación: lijado, tapaporos y fondo

Por buena que sea la laca, el resultado depende de lo que haya debajo. La preparación suele seguir estos pasos:

  1. Limpieza y desengrasado, sobre todo alrededor de las manillas, donde se acumula la grasa de las manos.
  2. Lijado del acabado anterior para quitar el brillo del barniz o de la pintura vieja y crear agarre. Si hay muchas capas antiguas o están muy deterioradas, puede ser necesario decapar.
  3. Reparación de golpes y grietas con masilla para madera, lijando después hasta enrasar.
  4. Tapaporos o selladora en maderas de poro abierto, como el roble o el castaño, si se quiere una superficie totalmente lisa.
  5. Fondo o imprimación, que aporta adherencia y cubrición y que, una vez seco, se lija con grano fino.
  6. Dos manos de laca de acabado, con un lijado suave entre ambas para eliminar el polvo atrapado.

Cada material pide su atención. La madera de pino puede tener nudos que sueltan resina y manchan la laca si no se sellan con un producto específico. Las puertas chapadas llevan una lámina de madera muy fina que no admite lijados agresivos. Y en el DM los cantos absorben mucho más que las caras, de modo que conviene sellarlos bien para que no queden ásperos.

Herrajes, marcos y tapajuntas

Lo correcto es desmontar manillas, escudos y cerraderos antes de lacar, en lugar de protegerlos con cinta, para que la laca quede continua y no aparezcan rebordes alrededor de los herrajes. Las bisagras, si se conservan, se protegen o se desmontan. Lacar es también buen momento para renovar los herrajes, aunque hay que comprobar que los agujeros y el tamaño de los escudos nuevos coinciden con los antiguos para no dejar marcas a la vista.

Los marcos y tapajuntas suelen estar fijados a la pared y se lacan en su sitio, con la pared y el suelo bien protegidos. Si la junta entre el tapajuntas y la pared se ha abierto, se sella con masilla acrílica para que la línea quede limpia.

Puertas con molduras, cuarterones o vidrieras

Las puertas de cuarterones o con molduras son más laboriosas. La laca tiende a acumularse en las esquinas interiores de los relieves y puede descolgarse si se carga demasiado, así que se trabaja con capas finas repasando cada moldura. Lijar los perfiles también pide paciencia, a menudo con esponjas abrasivas que se adaptan a las curvas.

Si la puerta tiene vidrio, lo ideal es retirar los junquillos que lo sujetan y sacar el cristal para lacar con comodidad. Cuando no es posible, porque se trata de una vidriera antigua o los junquillos están clavados, hay que enmascarar el cristal con cuidado y retirar la cinta antes de que la laca endurezca del todo para que el borde no salte.

Cuidar una puerta lacada

Una puerta lacada se limpia con un paño suave humedecido en agua con un poco de jabón neutro, evitando estropajos y productos abrasivos o con disolvente, que rayan o matan el brillo. Durante las primeras semanas, mientras la laca termina de endurecer, es mejor tratarla con especial cuidado y no colgar nada en ella. Para los pequeños golpes que aparecen con el uso, conviene guardar un poco de la laca original, bien cerrada y con la referencia anotada: un retoque con capas finas apenas se nota en una puerta blanca satinada, aunque en acabados de alto brillo o colores oscuros es más difícil de disimular.

Preguntas frecuentes

¿Se pueden lacar puertas que ya están barnizadas?

Sí, es el caso más habitual. Las puertas barnizadas en tonos sapelli o roble oscuro, tan comunes en pisos de hace unas décadas, se pueden lacar sin problema siempre que se lije bien el barniz para quitarle el brillo y se aplique un fondo adecuado que asegure la adherencia. Si el barniz está muy cuarteado, levantado o acumula muchas capas, es mejor decaparlo. Lo que no conviene es aplicar la laca directamente sobre el barniz sin lijar, porque acabaría pelándose con los golpes y el uso.

¿Cuántos días se está sin puertas si se lacan en taller?

Depende del número de puertas, de su estado y del tipo de laca, pero lo normal es contar con varios días, y en trabajos grandes con alrededor de una semana o algo más. El proceso incluye desmontaje, preparación, varias capas con sus secados y transporte de vuelta. Si te preocupa la intimidad, sobre todo en baños y dormitorios, se pueden lacar las puertas por tandas para que nunca falten todas a la vez, o empezar por las de las estancias menos comprometidas.

¿El lacado tapa la veta de la madera?

La laca es opaca, así que el color y el dibujo de la madera desaparecen por completo. Lo que sí puede notarse es la textura del poro en maderas de poro abierto, como el roble, el fresno o el castaño: aunque el color quede uniforme, se aprecian pequeñas hendiduras siguiendo la veta. Hay quien busca precisamente ese efecto, que resulta más natural. Si prefieres una superficie completamente lisa, hay que aplicar un tapaporos y lijarlo antes de lacar.

¿Por qué amarillea una puerta lacada en blanco?

El amarilleo depende sobre todo de la composición del producto. Las lacas y esmaltes con resinas alquídicas, y algunas de poliuretano con disolvente, acaban amarilleando con el paso del tiempo, y el efecto se nota más en zonas con poca luz natural, como pasillos interiores o la parte de la puerta que queda tapada por un mueble. El humo del tabaco o de la cocina también contribuye. Las lacas al agua, acrílicas o de poliuretano al agua, mantienen mucho mejor el blanco, y por eso se recomiendan cuando el tono es importante.

¿Se pueden lacar puertas de melamina o con acabado plástico?

Es posible, pero más delicado que lacar madera. La melamina y los recubrimientos plásticos son superficies muy lisas y poco porosas a las que la laca se agarra mal. Hay que limpiarlas y desengrasarlas, lijarlas para crear rugosidad sin atravesar la lámina y dar una imprimación de adherencia pensada para plásticos y melaminas. Aun así, si la lámina está despegada en los cantos o hinchada por la humedad, el lacado no lo arreglará, y puede ser más razonable plantearse sustituir la puerta.

¿Merece la pena lacar las puertas o es mejor cambiarlas?

Lacar suele compensar cuando las puertas son de buena calidad, como las macizas o las de madera con una estructura sólida, y lo único que falla es la estética. Una puerta maciza antigua bien lacada puede quedar mejor que muchas puertas nuevas de gama básica. Si las puertas están descuadradas, hinchadas, rotas o no cierran bien, o si además quieres cambiar su diseño o sus medidas, tiene más sentido pensar en sustituirlas. Lo que decide es el estado real de la hoja y del marco, no solo su aspecto.

¿Hay que lacar también los rodapiés?

No es obligatorio, pero sí muy recomendable si se cambia de color, sobre todo al pasar de madera oscura a blanco: unas puertas blancas con rodapiés de sapelli suelen dar sensación de trabajo a medias. Los rodapiés se lacan en su sitio, con la pared y el suelo bien protegidos, y conviene usar la misma laca y el mismo tono que en las puertas. Si están muy deteriorados o despegados, puede ser más práctico sustituirlos por otros que ya vengan lacados de fábrica.

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