Calderas y calentadores
Sustituimos e instalamos calderas, calentadores y termos, y antes de recomendarte un modelo miramos cuántos sois en casa, cuánta agua caliente gastáis y por dónde puede salir el humo. El presupuesto, como todos los nuestros, es sin compromiso.
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Un equipo pequeño y de confianza
Somos una empresa local de reformas con base en Gavà. Trabajamos con un equipo propio y reducido, y nos encargamos personalmente de cada obra, desde la primera visita hasta la limpieza final, para que tú no tengas que estar pendiente de nada.
Nos gusta hablar claro desde el principio: qué se puede hacer, qué conviene hacer y cuánto va a costar. Así no hay sorpresas por el camino y el resultado es el que esperabas.
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Por qué confiar en nosotros
Tres motivos sencillos, explicados sin rodeos.
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Cada trabajo terminado nos ha enseñado algo, y esa experiencia acumulada es la que ponemos en el tuyo.
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Caldera, calentador o termo: qué hace cada uno
En el día a día se usan casi como sinónimos, pero no son lo mismo. Un calentador de gas calienta el agua al instante, solo mientras hay un grifo abierto, y sirve únicamente para el agua caliente sanitaria. Una caldera puede hacer eso mismo y, además, calentar el agua que circula por los radiadores o el suelo radiante; las mixtas, que combinan ambas funciones, son las más habituales en los pisos. El termo eléctrico, en cambio, no produce el agua al momento: la calienta con una resistencia y la guarda en un depósito aislado hasta que la necesitas.
El calentador y la caldera dan agua caliente sin límite de tiempo, pero dependen del gas y de una salida de humos. El termo no necesita ninguna de las dos cosas, aunque su capacidad es finita: si se vacía, toca esperar. Por eso abunda en viviendas sin gas canalizado o donde no hay manera de sacar una chimenea.
Condensación, termo eléctrico o aerotermia
La caldera de condensación
Desde 2015, por la normativa europea de ecodiseño, prácticamente todas las calderas de gas nuevas son de condensación. Su ventaja es que aprovechan el calor del vapor de agua contenido en los humos, que en una caldera convencional se pierde por la chimenea. Para lograrlo, enfrían esos gases hasta que el vapor se condensa, y ese condensado, ligeramente ácido, tiene que ir a un desagüe. Si la caldera está en un balcón o en un lavadero sin bajante cerca, hay que prever por dónde irá ese tubo.
El termo eléctrico
Es sencillo de instalar y apenas requiere mantenimiento, pero calentar agua con electricidad sale caro en las horas punta. Si tu tarifa distingue franjas horarias, programarlo para que caliente de madrugada cambia bastante el gasto. Un punto a vigilar es el ánodo de magnesio, una pieza que se va desgastando para proteger el depósito de la corrosión: con agua dura se consume antes y merece la pena revisarlo cada pocos años.
Aerotermia para el agua caliente
Una bomba de calor aerotérmica extrae energía del aire exterior y la usa para calentar agua. Por cada unidad de electricidad que consume aporta varias de calor, así que gasta bastante menos que un termo. Hay equipos compactos, parecidos a un termo con la bomba de calor encima, y sistemas partidos con unidad exterior que también pueden alimentar la calefacción. A cambio, la inversión es más alta y piden espacio, tanto para el depósito como para que la máquina pueda tomar aire. En el clima suave de la costa catalana trabajan con buen rendimiento casi todo el año.
Cómo acertar con la potencia o con los litros
En una caldera mixta, lo que suele marcar la potencia no es la calefacción, sino el agua caliente. Un piso medio necesita poca potencia para calentarse, pero una ducha a buena temperatura exige mucha más. Por eso en los pisos abundan las calderas de unos 24 kW, y se sube a 28, 30 o más cuando hay dos baños que pueden usarse a la vez o una casa grande de varias plantas.
En los calentadores se habla de litros por minuto. Como orientación:
- 11 litros/minuto: un baño, o una ducha y un grifo que no se usan a la vez.
- 14 litros/minuto: dos baños con poco uso simultáneo.
- 16 litros/minuto o más: dos duchas funcionando al mismo tiempo o un rociador de gran caudal.
En los termos manda el número de personas. Como referencia aproximada, 50 litros dan para una o dos personas, 80 para dos o tres, 100 para tres o cuatro, y a partir de ahí conviene pensar en 150. Si en casa hay duchas largas o una bañera que se llena a menudo, mejor quedarse por arriba.
La salida de humos, el punto que más condiciona
Antes de elegir modelo hay que saber por dónde van a salir los gases. Las calderas y los calentadores estancos toman el aire del exterior y expulsan los humos por un tubo concéntrico, sin consumir el oxígeno de la estancia. Los atmosféricos, más antiguos, cogen el aire de la cocina o del lavadero y necesitan rejillas de ventilación que nunca deben taparse.
Al pasar a condensación, el conducto antiguo casi nunca sirve: los humos salen más fríos, condensan dentro del tubo y este debe ser de un material resistente, normalmente polipropileno. Además, la normativa marca dónde puede terminar la salida (por cubierta o por fachada, según el caso) y qué distancias guardar respecto a ventanas y otras aberturas. En edificios con chimenea colectiva o fachadas protegidas, esto puede inclinar la balanza hacia un termo o hacia la aerotermia.
Revisiones obligatorias y mantenimiento
Aquí se suelen confundir dos cosas distintas. Por un lado está el mantenimiento que pide el RITE (Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios), que debe hacer una empresa habilitada: en las calderas de gas de una vivienda suele ser cada dos años, y en las de gasóleo, cada año. En ella se analiza la combustión, se limpian quemador e intercambiador y se comprueban el vaso de expansión y los elementos de seguridad.
Por otro lado está la revisión periódica de la instalación de gas, que gestiona la distribuidora, por norma general cada cinco años. Esta se centra en las tuberías, las llaves y la conexión de los aparatos, no en el interior de la caldera. La distribuidora avisa por escrito con antelación, así que desconfía de quien se presente sin aviso diciendo que viene a revisar el gas.
Entre revisión y revisión, hay hábitos sencillos que alargan la vida del equipo: echar un vistazo al manómetro, no tapar las rejillas de ventilación y accionar un par de veces al año la válvula de seguridad del termo para que no se agarrote.
Cuándo toca cambiarla y cuánto dura
A modo orientativo, una caldera de gas suele durar unos 15 años, y con buen mantenimiento puede acercarse a 20; un calentador, algo menos, y un termo, alrededor de 10, aunque el agua dura puede acortar mucho esa cifra. Más que la edad, lo que suele decidir el cambio son señales como estas:
- Averías cada invierno o piezas de recambio que ya no se fabrican.
- Agua caliente que sale a tirones, cambia de temperatura sin motivo o tarda cada vez más en llegar.
- En los aparatos atmosféricos, una llama amarillenta o restos de hollín, síntomas de una mala combustión que no hay que ignorar.
- Goteos bajo la caldera u óxido en el termo.
- Una factura de gas que sube sin que hayan cambiado tus hábitos.
Si la reparación se acerca al precio de un equipo nuevo y el aparato ya tiene años, suele compensar más sustituirlo y aprovechar para replantear el sistema.
Preguntas frecuentes
¿Puedo cambiar el calentador de gas por un termo eléctrico sin hacer obra?
Casi siempre, y con muy poca obra. Hace falta una pared capaz de soportar el peso del termo lleno, que en un modelo de 80 o 100 litros supera con facilidad los cien kilos, y una línea eléctrica con su propia protección en el cuadro. También hay que prever un desagüe cercano para la válvula de seguridad, que gotea de vez en cuando. Por último, la toma de gas que queda libre debe anularse correctamente y, si ya no vas a usar gas en casa, puedes dar de baja el suministro.
¿Es seguro tener la caldera en la cocina?
Sí, siempre que el aparato y el local cumplan las condiciones necesarias. Las calderas estancas, que toman el aire del exterior, son las más seguras porque no consumen el oxígeno de la cocina ni pueden devolver humos a la estancia. Los aparatos atmosféricos necesitan rejillas de ventilación permanentes y no deben instalarse en baños ni dormitorios. En cualquier caso, un detector de monóxido de carbono es una compra pequeña que da tranquilidad, sobre todo con equipos de cierta edad.
¿Qué presión debe marcar el manómetro de la caldera?
Con la instalación en frío, lo habitual es que esté entre 1 y 1,5 bar, y que suba algo cuando la calefacción está en marcha. Si baja de forma repetida y hay que rellenar a menudo, algo está perdiendo agua: puede ser una fuga en el circuito, la propia válvula de seguridad o un vaso de expansión que ha perdido su carga de aire. Si, por el contrario, sube hasta rozar los 3 bar, la válvula de seguridad empezará a soltar agua, y eso también merece una revisión.
¿Cuánto tiempo lleva sustituir una caldera?
Si la nueva va en el mismo sitio que la anterior y la salida de humos se resuelve sin complicaciones, el cambio suele hacerse en una jornada. Se alarga cuando hay que trasladar la caldera, abrir un nuevo paso para los humos, llevar un desagüe para los condensados o adaptar tuberías. Además, muchos fabricantes piden que la primera puesta en marcha la haga su servicio técnico para activar la garantía, lo que puede añadir algún día de espera.
¿Qué ventajas tiene una caldera con acumulador?
Una caldera con depósito incorporado, o conectada a un acumulador externo, guarda agua ya caliente lista para usar. Es interesante en casas con dos o más baños que se usan a la vez, porque una caldera instantánea, por potente que sea, reparte su caudal entre todos los grifos abiertos. También reduce la espera hasta que sale el agua caliente. A cambio, ocupa más espacio y el depósito pierde algo de calor aunque esté bien aislado. En un piso con un solo baño rara vez compensa.
¿Puedo seguir usando mi caldera atmosférica antigua?
Puedes seguir usándola mientras funcione correctamente y pase las revisiones de mantenimiento; nadie obliga a retirar una caldera que está en buen estado. El problema llega cuando se estropea sin arreglo, porque las calderas atmosféricas convencionales ya prácticamente no se fabrican, salvo modelos específicos para chimeneas colectivas. Sustituirla por una de condensación suele obligar a rehacer la salida de humos y a llevar un desagüe, así que es buena idea informarse antes de que la avería llegue en pleno invierno.
¿Qué hago si huelo a gas en casa?
Lo primero es no accionar interruptores, timbres ni aparatos eléctricos, y no encender nada que produzca llama o chispa. Abre puertas y ventanas para ventilar, cierra la llave general del gas, o la de la bombona si usas butano, y sal de la vivienda. Ya desde fuera, llama al teléfono de urgencias de la distribuidora de gas o al 112. No vuelvas a abrir la llave hasta que un técnico haya localizado y reparado la fuga, aunque el olor haya desaparecido.
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