Servicios de soldadura
Hacemos soldaduras de fontanería en cobre y trabajos en hierro y acero: rejas, barandillas, puertas metálicas o pequeñas estructuras. Nos movemos por Gavà y los municipios cercanos, tomando en cada caso las precauciones que exige soldar dentro de una vivienda.
- +10 años de experiencia
- +100 trabajos realizados
- 24 h para responderte

Un equipo pequeño y de confianza
Somos una empresa local de reformas con base en Gavà. Trabajamos con un equipo propio y reducido, y nos encargamos personalmente de cada obra, desde la primera visita hasta la limpieza final, para que tú no tengas que estar pendiente de nada.
Nos gusta hablar claro desde el principio: qué se puede hacer, qué conviene hacer y cuánto va a costar. Así no hay sorpresas por el camino y el resultado es el que esperabas.
El equipo de MZB Gavá
Dónde trabajamos
Escribe tu municipio y comprueba al momento si trabajamos en tu zona. Y si no aparece, pregúntanos igualmente.
Trabajamos en estos municipios:
- Gavà
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- Viladecans
- Sant Boi de Llobregat
- El Prat de Llobregat
- Cornellà de Llobregat
- Sant Joan Despí
- Sant Just Desvern
- Esplugues de Llobregat
- Sant Feliu de Llobregat
- Molins de Rei
- Sant Vicenç dels Horts
- Santa Coloma de Cervelló
- Torrelles de Llobregat
- Begues
- Cervelló
- Vallirana
- Corbera de Llobregat
- Pallejà
- Sant Andreu de la Barca
- Martorell
- L'Hospitalet de Llobregat
- Barcelona
- Sitges
- Sant Pere de Ribes
- Sant Cugat del Vallès
- Castellbisbal
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Por qué confiar en nosotros
Tres motivos sencillos, explicados sin rodeos.
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01
Más de 10 años de experiencia
Los profesionales del equipo llevamos más de una década dedicados a las reformas y a los oficios del hogar.
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02
Más de 100 trabajos realizados
Cada trabajo terminado nos ha enseñado algo, y esa experiencia acumulada es la que ponemos en el tuyo.
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Cercanía y palabra cumplida
Tratas directamente con quien hace el trabajo, y lo que acordamos es lo que se hace, de principio a fin.
Uniones de cobre: soldadura blanda y fuerte
En las instalaciones de cobre la soldadura no funde el tubo, sino un metal de aportación que penetra por capilaridad en el estrecho espacio entre el tubo y el accesorio. Según la temperatura a la que trabaja ese metal, se distinguen dos tipos.
Soldadura blanda
Se hace por debajo de los 450 grados, normalmente con soplete de propano y una varilla de estaño aleado con cobre o plata. Es la habitual en las redes de agua fría y caliente de una vivienda, y para el agua de consumo se emplean aleaciones sin plomo. La calidad de la unión se decide en la preparación: lijar bien el tubo, limpiar el interior del accesorio, aplicar el decapante justo y calentar de forma uniforme para que el estaño corra por toda la unión.
Soldadura fuerte
Supera los 450 grados y utiliza aleaciones con plata o con cobre y fósforo. Da uniones mucho más resistentes a la presión, la temperatura y las vibraciones, por eso es la que se exige en las instalaciones de gas con tubo de cobre y la que se usa en circuitos de climatización. Pide más calor y más oficio, porque un exceso de temperatura debilita el cobre.
Aunque hoy muchas redes se montan con accesorios prensados, sin llama, la soldadura sigue siendo imprescindible para reparar el cobre existente.
Rejas, barandillas y puertas: el hierro en casa
Fuera de la fontanería, la soldadura en una vivienda se centra en la cerrajería: rejas de ventana, barandillas de balcón y escalera, puertas metálicas de patio o de garaje y pequeñas estructuras como pérgolas, soportes o refuerzos. Son trabajos en los que la seguridad pesa tanto como el aspecto.
En las barandillas, el Código Técnico marca unas reglas básicas para viviendas: altura mínima de 90 centímetros cuando la caída es de hasta 6 metros, y de 110 cuando es mayor, sin huecos por los que pase una esfera de 10 centímetros y sin elementos que faciliten trepar por ellas. Muchas barandillas antiguas no cumplen estas medidas, y con niños en casa es un detalle que no conviene dejar pasar.
En las rejas, además de la resistencia, hay que pensar en la evacuación: en una planta baja o en un dormitorio, una reja practicable que se abra desde dentro puede ser una salida en caso de incendio. Y como alteran la imagen exterior del edificio, antes de colocar rejas nuevas es prudente consultar a la comunidad de vecinos y, si el edificio está protegido, al ayuntamiento.
En las puertas metálicas, los problemas más comunes son bisagras desgastadas, marcos descuadrados por el peso y cerraderos que ya no coinciden. A menudo se resuelven reforzando y volviendo a soldar puntos concretos, sin cambiar la puerta.
Electrodo, MIG o TIG, explicado sin tecnicismos
Las tres técnicas funden el metal con un arco eléctrico, pero se diferencian en cómo aportan el material y cómo protegen la soldadura del aire, que la debilitaría.
- Electrodo revestido: una varilla que se va consumiendo y cuyo recubrimiento genera su propia protección, dejando una costra de escoria que luego se retira. El equipo es sencillo y portátil, funciona bien al aire libre y tolera un metal no del todo limpio, por eso es tan común en reparaciones de rejas y estructuras.
- MIG/MAG: un hilo continuo sale por la pistola mientras un gas protege el baño de metal fundido. Es rápida, limpia y cómoda para piezas de cierto tamaño, aunque el viento puede llevarse el gas. Hay una variante con hilo tubular que no necesita botella, más práctica en exteriores.
- TIG: un electrodo de tungsteno que no se gasta crea el arco y el soldador añade el material a mano con una varilla. Es lenta y exige pulso, pero deja cordones finos y precisos. Es la indicada para acero inoxidable, aluminio y chapas delgadas que quedan a la vista.
El acero galvanizado merece un aparte: el zinc desprende humos tóxicos al fundirse, así que hay que eliminarlo en la zona de la unión, trabajar con buena ventilación y reponer después la protección.
Proteger el metal de la corrosión
Una soldadura impecable puede echarse a perder en pocos meses si el metal no se protege, y más cerca del mar, donde el salitre acelera la oxidación. El proceso tiene tres pasos que no conviene saltarse:
- Preparar la superficie: quitar la escoria y las salpicaduras, eliminar el óxido suelto con cepillo o disco, lijar y desengrasar.
- Aplicar una imprimación antioxidante, que es la que de verdad frena la corrosión. Sobre piezas galvanizadas, o donde el zinc se ha quemado al soldar, se usan imprimaciones ricas en zinc, a veces llamadas galvanizado en frío.
- Dar el acabado con un esmalte apto para metal, en dos manos, cuidando especialmente las uniones, las esquinas y los puntos donde se acumula el agua.
Para piezas nuevas de exterior, el galvanizado en caliente, por inmersión en zinc fundido, es la protección más duradera, sobre todo si después se pinta con la imprimación adecuada.
¿Reparar o cambiar la pieza entera?
Depende sobre todo del estado del metal. Si el óxido es superficial y la estructura conserva su grosor, lo lógico es reparar: sanear, soldar los puntos rotos y volver a proteger. Si al rascar se desprenden láminas o aparecen agujeros, el metal ha perdido sección y ya no resiste lo mismo; en una barandilla o una reja eso es un riesgo, y lo razonable es sustituir al menos los tramos afectados.
Hay un punto que suele pasarse por alto: los anclajes. Cuando las garras empotradas en la pared se oxidan, el óxido aumenta de volumen y revienta el revestimiento, lo que provoca grietas y desprendimientos en balcones y fachadas. En ese caso la reparación no acaba en el metal: también hay que sanear la obra y fijar de nuevo con anclajes adecuados.
Soldar dentro de casa sin correr riesgos
Las chispas de una soldadura al arco pueden saltar varios metros, y el soplete calienta mucho más allá de la unión. En una vivienda hay materiales que arden con facilidad, como maderas, muebles, cortinas, aislamientos dentro de paredes o falsos techos, e incluso el polvo acumulado. Por eso, antes de empezar conviene:
- Retirar todo lo combustible de la zona o cubrirlo con mantas ignífugas.
- Proteger la pared de detrás con una placa o manta térmica al soldar tubería empotrada o cerca de vigas de madera.
- Tener un extintor a mano y ventilar bien para evacuar los humos.
- Vigilar la zona durante un buen rato después de terminar, porque una brasa puede quedar latente dentro de un hueco y prender más tarde.
A ello se suma la protección de quien suelda, con careta, guantes y ropa adecuada, y avisar a los vecinos si se trabaja en una terraza o en zonas comunes.
Preguntas frecuentes
¿Se puede soldar una tubería de cobre que todavía tiene agua?
No es recomendable. El agua absorbe el calor del soplete, el tubo no alcanza la temperatura necesaria y el estaño no fluye por la unión, de modo que el resultado es una soldadura débil que acaba goteando. Además, el vapor que se genera puede empujar el metal fundido hacia fuera. Por eso hay que cortar el agua y vaciar bien el tramo, abriendo los grifos más bajos. Si queda un goteo residual imposible de evitar, existen tapones específicos que lo frenan mientras se suelda.
¿Por qué la reja ha vuelto a oxidarse poco después de pintarla?
Casi siempre es un problema de preparación. Si se pinta encima de óxido suelto o de restos de escoria, la pintura se agarra a una capa que sigue degradándose por debajo y acaba saltando. También es habitual saltarse la imprimación antioxidante y aplicar solo el esmalte, que por sí solo protege mucho menos. Otros puntos débiles son las soldaduras, las esquinas y los tubos huecos por donde entra el agua. En primera línea de mar, el salitre acelera todo el proceso.
¿Es mejor soldar o atornillar una barandilla?
Cada sistema tiene su sitio. La barandilla soldada forma una pieza rígida y continua, sin tornillos que se aflojen con el uso, y suele tener un aspecto más limpio. La atornillada permite desmontarla por tramos, facilita el transporte de piezas grandes y no daña el galvanizado de las piezas tratadas. En la práctica es frecuente combinar ambas: tramos soldados en taller que luego se unen o se anclan en obra con tornillería. Lo importante es que los anclajes al forjado o al muro sean sólidos.
¿Se puede soldar acero inoxidable en casa?
Se puede, pero pide más cuidado que el acero normal. Lo indicado es la soldadura TIG, con buen control de la temperatura para que la zona no se oscurezca ni pierda su resistencia a la corrosión. Después hay que limpiar y decapar el cordón para recuperar el aspecto del inoxidable. Un error frecuente es usar cepillos o discos que antes han tocado acero al carbono: dejan partículas incrustadas que, con el tiempo, aparecen como puntitos de óxido sobre una pieza que no debería oxidarse.
¿Se puede reparar una puerta metálica sin desmontarla?
Para reparaciones puntuales, como reforzar una bisagra, volver a soldar un barrote o corregir un cerradero, se suele trabajar con la puerta en su sitio. Antes hay que proteger el entorno de las chispas, retirar o tapar la cerradura y, en las puertas de garaje motorizadas, desconectar el motor y sus cables. Cuando la puerta está muy descuadrada, tiene la parte baja carcomida por el óxido o hay que rehacer el bastidor, lo más práctico es desmontarla y trabajarla en horizontal o en un taller.
¿Qué diferencia hay entre una reja de forja y una de tubo?
La forja tradicional se hace con barras macizas de hierro, a menudo trabajadas en caliente con formas decorativas. Es pesada, muy resistente y aguanta bien el paso del tiempo si se mantiene pintada. Las rejas de tubo o perfil hueco son más ligeras y económicas, y permiten diseños rectos y actuales. Su punto débil es el interior: si entra agua por un extremo abierto o por una soldadura con poros, el tubo se oxida por dentro sin que se vea, así que los extremos deben quedar bien cerrados.
¿Cómo se reconoce una soldadura bien hecha?
En hierro y acero, un buen cordón tiene un aspecto regular, con anchura y relieve uniformes, sin poros, grietas ni bordes mordidos en la pieza, y la escoria se retira con facilidad. En tuberías de cobre se busca un anillo de soldadura continuo alrededor de toda la unión, sin goterones ni zonas ennegrecidas por exceso de calor. Aun así, el aspecto no lo dice todo: en fontanería, la prueba definitiva es poner la instalación a presión y comprobar que no pierde.
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